17 sept. 2013

Le Marché Saint-Pierre: un paraíso de las telas, en Montmartre

Paris. Visita obligada a Montmartre. Muchedumbre. Después de las consabidas fotos en la explanada de la basílica del Sacre Coeur, regresábamos a la ciudad. Centenares, millares de turistas bajando la larga escalinata, todos en riada. Horror. 

Nunca me gustó ser turista, mejor viajera. Esquivando la aglomeración, tomamos unas calles laterales: rue Maurice Utrillo, rue Charles Nodier, rue Livingstone y, de pronto ¡¡Ohhhh!!!, Le Marche Saint -Pierre. No lo conocía, ni siquiera había oído hablar de él. 

En la parte superior izquierda la Basílica del Sacre Coeur
Se trata de un gran mercado de telas y afines que existe como tal desde hace más de ochenta años. Un edificio de 2.500 metros cuadrados repartidos en seis plantas, totalmente especializadas: hogar, tapiceria, algodón, sedas y tafetanes, sintéticos... En la planta baja una mercería inmensa de donde sales con ganas de llorar por no poder arramblar con todo lo que quisieras llevarte a casa.

Fotos obtenidas aquí. 
                    
Tejidos de algodón

Además del mercado, propiamente dicho, las rue Livingstone y d’Orsei, están llenas de tiendas, algunas inmensas, por ejemplo Tissus Reine: otras seis o siete plantas de deleite para la vista, con tipos de tejido de los que no tenía noticia. Otras tiendas menores, con precios muy interesantes, que ofrecen sus productos a pie de calle; en algunas de ellas puedes ir paseando por las aceras y admirar de cerca esos tejidos de todo tipo y condición.

Seda salvaje
Tapizados
En mi caso, me pilló de sorpresa, y por tanto la visita no entraba en mis planes, pero visto lo visto, no quedó otro remedio que acomodarlos: después de un “espérame aquí un momento que entro en esa mercería”, que duró cerca de hora y media (y que mi bendito marido tuvo la entereza de aguantar), llegamos al pacto de comida-aquí-cerca-y-después-uno-se-va-de-librerías-y-la-otra-de-telas.

Casi cinco horas subiendo y bajando plantas, entrando y saliendo de una y otra tienda, absolutamente bloqueada a la hora de decidir qué quería comprar: me gustaban demasiadas cosas, pero el espacio disponible para la vuelta era limitado. 

Aquí estoy yo: había tanto que no sabía por dónde tirar...
Pero en todo caso, lo de menos es lo que compré –demasiado para mi sufrida maleta, debo decir-, lo importante fue el hallazgo, el descubrimiento. Aquella jornada acabé agotada, pero el pequeño surtido de telitas que compré fueron como el botín que te llevas tras el encuentro de un tesoro que no puedes abarcar.

Era mi no sé cuántas visita a Paris, y mi no sé cuántas bajada de Montmartre, y justo cuando empezaba a interesarme por el mundo de la costura, me encuentro con este paraíso de las telas.

Creéis que se trata de casualidades?, o tal vez las vamos buscando?.