16 dic. 2013

Cuatro palabras mágicas

Quién dice que la distancia es un obstáculo?. Y no me refiero sólo a Internet –que la atenúa bastante-, me refiero más bien a cuatro palabras mágicas que la elimina de forma radical. Y si no, podéis preguntarle a mi nieta mayor, Selena, que puede recorrer miles de kilómetros en un santiamén, con sólo pronunciarlas:

Treguna – Mecoide – Trecorum – Satis dee

Pues así, tan fácil como eso, nos desplazamos cómodamente,  y viajamos sentadas en cualquier cama o en el sofá de casa, según se tercie.  Ayuda mucho que al pronunciarlas se dé un par de vueltas a algún objeto redondo: una pelota pequeña,  la cabeza de un muñeco, incluso un huevo kínder también vale... Y por supuesto que las palabras sean dichas con convicción y, si se quieren resultados seguros, lo mejor es decírlas al unísono con más personas y con un cierto soniquete.

En realidad, le robamos la idea a la Bruja novata (1971) que, francamente sea dicho, nos ha dado mucho juego –en el sentido más amplio de la frase-. Recordáis esa deliciosa peli?



La señora Eglantine Price estudia brujería por correspondencia con el gran mago Emelius Browne: el objetivo: la "locomoción sustitutiva", y la experimentan junto con los pequeños Carrie, Paul y Charlie recorriendo lugares y maravillosas aventuras subidos en una cama: podían desplazarse por el aire o ir bajo el agua, su único elemento de propulsión era un sencillo “boliche” o pomo, que remataba los barrotes de la cama.

Como la imaginación de los niños es infinita, a partir del momento en que vimos juntas la película, la distancia entre el Cantábrico –donde vive Selena- y el Mediterráneo -donde vivo yo- desapareció como por arte de magia.

La comunicación se establece a través del teléfono, y poniéndolo en manos libres ella puede organizar el viaje sin ataduras: prepara los cojines para que el vuelo sea más cómodo, hace acopio de alguna manta si la previsión es atravesar una zona fría, o consigue impermeables y chalecos salvavidas "de colorines" -detalle importante- si vamos a viajar bajo el agua. ¡Sí, impermeables y chalecos salvavidas bajo el agua, no me preguntéis por qué…!.





Algunas imágenes de nuestra última aventura. Ayer, sin ir más lejos.

En esas largas y pintorescas travesías telefónicas (a veces duran más de una hora ¡menos mal que existen  las tarifas planas!), nos suelen acompañar Caperucita y Rosy, dos charlatanas que viven conmigo y cuya voz llevo haciendo, cuán ventrilocua loca, hace más de cuatro años. Ni que decir tiene que forman un trío "pá echarse a temblar", si las dejo solas un rato, son capaces de “pincharle” el paraguas a Mary Poppins  para que no deje la casa de Jane y Patrick…, o echarle pimienta en el café a la Baronesa Schaeder, de Sonrisas y lágrimas, para que deje de una vez que su padre, el capitán Von Trapp, se case con María…

    
Caperucita y  Rosy


Eso por no hablar de las faenas que le gastan a la abuela –que soy yo-. Bueno, en realidad, nunca hemos tenido clara la cuestión del parentesco: si yo soy la abuela de Caperucita y Rosy, entonces éstas deberían de ser hemanas de Selena…, "y eso no es posible, porque no viven en mi casa" -dice la criatura, con bastante buen juicio-;  y si soy la madre de Caperucita y Rosy, entonces ellas serían sus tias... "y ¡cómo pueden ser las tias más pequeñitas que yo...! -dice partiéndose de risa, con su lógica aplastante-.

Ahí tenéis a Selena en plena navegación y a mí  "cosiendo y cOntando"

En fin, yo no tengo ni idea de cómo resolver este embrollo parental. ¡¡Sería bienvenida cualquier sugerencia al respecto...¡¡

Y después de un duro viaje, por fin llega la hora de la cena
y plantan a la pobre abuela encima de la mesa sin siquiera
derecho a plato: "Vengaaa, porfi, un cuento..."