12 dic. 2013

Palabras con imagen: "Orratzak baino hariak luzeago izan behar du" (la aguja no puede ser más larga que el hilo)

 Imagen de Lara (Hormiga Verde)


Este dicho en euskera nos lo ha facilitado Maider de Masustak-Eguzkitan, y lo sacamos a colación en este momento aprovechando el homenaje que ella hace a su lengua materna en uno de sus últimos post.

He estado buscando y el sentido más parecido en castellano podría ser eso de quién se habrá creído que es. En un sentido similar, aunque no exactamente igual, decimos que hasta los gatos llevan zapatos cuando uno se permite atributos que no le corresponden en función de su naturaleza o condición, o también que alguien mira a los demás por encima del hombro cuando se comporta como si fuera superior a los que le rodean.


En su sentido literal, me ha parecido un dicho realmente precioso, de lo más gráfico y representativo “costureramente” hablando, porque la verdad es que no hay cosa más molesta que estar terminando una costura –sobre todo si es a mano- y ver que te va a faltar un trozo hilo justamente para el remate. Entonces te asalta un cierto desasosiego, como a aquella mujer a quien le preguntaron por qué tejía a tanta velocidad, y contestó que debía darse prisa para terminar el jersey antes de que se le acabara el hilo.

Efectivamente, cuando te queda poca hebra te aceleras, intentas apurar y apurar hasta que, de hecho, la aguja es ya más larga que el hilo. En ese punto, en el que la aguja ya se te ha desenhebrado varias veces, no hay más remedio que iniciar la puntada clavando la aguja en la tela y enhebrarla de nuevo justo antes de sacar la aguja y terminar la puntada. Bueno, al menos a mí me pasa -¿seré la única?-.

Y si decimos que esto fastidia en una costura normal, qué decir cuando se trata de un precioso ojal hecho a mano… con ese brillo sedoso del hilo de torzal y ese reborde en la parte interna que lo convierte en un ojal casi “para toda la vida”.

Mi abuela solía medir la hebra para que nunca le faltara hilo al coser el ojal: enhebraba la aguja, pasaba una cantidad de hilo equivalente al ancho de su mano y luego soltaba hilo de la bobina hasta llegar a la altura de su codo. O sea que el largo del hilo era aproximadamente una vez y media la distancia desde la mano a su propio codo. Y de esta manera le quedaba “claváo” –decía ella-.

Porque si es verdad que era importante que no te faltase hilo, tampoco resultaba conveniente que te sobrara: el hilo de torzal era caro y en tiempos poco prósperos uno no podía permitirse su desperdicio.

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NOTA: Muchas gracias por vuestras nuevas aportaciones, y os seguimos animando. Iremos incluyendo las distintas formas encontradas en cualquier lengua y TODOS nos enriqueceremos juntos.