2 dic. 2014

Un vestido de novia intemporal

Siempre he querido escribir algo sobre el vestido de novia de mi madre. Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, de vez en cuando le pedíamos que lo sacara y nos lo enseñara una vez más. Supongo que respondía a esa curiosidad infantil por recrear los acontecimientos ocurridos antes de nuestra llegada.


Me gustaba mucho su tacto, su brillo satinado, sus pequeños botones, sus numerosas presillas tan iguales y tan perfectas, su cola…Y su diadema llena de perlitas hechas de cera. Después todo volvía a esa caja grande y plana donde ella lo colocaba cuidadosamente, y otra vez a lo alto del armario.






















Con el paso de los años siguió gustándome y, a día de hoy, sigue pareciéndome precioso. Me sigue admirando su diseño elegante y sencillo al mismo tiempo; sus cuidados detalles: ese cuello de chimenea, su drapeado en la cintura, la botonadura en el cuerpo y en los estrechos y largos puños asimétricos,  y su cola.




Creo que fue ella misma quien eligió el modelo. Podía haber sido más ampuloso –propio de una década que se iniciaba llena de frunces y vuelos…-  Pero ella, prefirió algo más estilizado y discreto. En la misma línea de la que fue siempre su forma de vivir.

Y para mi gusto dio en el clavo.




Mi  homenaje en el que hoy sería su Aniversario de Boda.