5 oct. 2015

Donna Karan

Una de las cosas que nunca conseguí hacer en mi vida de “mamá trabajadora” fue prepararme cada noche el vestuario del día siguiente: para cuando terminaba de dejar organizada la ropa y la mochila del colegio de mi hija, preparada la comida para mañana, tendida y/o recogida la colada, despejado el lavavajillas, etc. etc..., para entonces, ya estaba demasiado agotada para pensar en mi ropa.



Así es que a la mañana siguiente, bien temprano, medio en penumbra, buscaba en mi armario qué ponerme, comprobaba a la luz del pasillo que esa falda combinara con esa blusa y que además estuviera en condiciones. Después un rápido desayuno de pie, casi en la puerta de casa, coger la chaqueta y salir corriendo; y ya en el ascensor, mientras me miraba al espejo para pintarme los labios –costumbre que todavía arrastro-, solía acabar pensando que necesitaba prendas que no tenía… ¿A alguien le suena esto?

Donna Karan - Ann street Studio

En ese punto, aunque con algunos años de retraso, tuve referencia de Donna Karan y quedé seducida por su proyecto 7 easy pieces, a pesar de que por entonces no me interesaba ni de lejos el mundo de costura, ni mucho menos el de la moda.


Esta neoyorkina cuya firma comercial (DKNY) es sobradamente conocida, no ha sido una diseñadora al uso, se puede decir que, en cierto modo, revolucionó la vestimenta de la mujer durante los años 80-90.

Su renombre hizo que fuera solicitada por artistas y personajes conocidos (Barbra Streisand, Demi Moore, Gwyneth Paltrow, Lady Di, Hillary Clinton,…), pero su trabajo significó mucho más que el vestir a quienes se podían permitir trajes caros.

Hillary Clinton. Cold shoulder dress
Gwyneth Paltrow

















Karan fue capaz de idear la ropa para una mujer que se abría paso en el competitivo mundo de la Empresa, que por razones obvias, no disponía de mucho tiempo para tener un vestuario siempre adecuado a las distintas ocasiones que se le presentaban, y que tampoco podía permitirse grandes y costosos diseños.



















Fue en 1985 cuando presentó en su pasarela esta propuesta que caló rápidamente entre las mujeres estadounidenses: 7 easy pieces (7 prendas básicas).


Con estas 7 prendas como fondo de armario, Donna aseguraba que cualquier mujer podía vestirse para cualquier ocasión, en cualquier época del año, y temporada tras temporada. Eran prendas básicas que podían ser complementadas con otras, o simplemente intercambiarse entre sí. Su adecuada y sencilla combinación permitiría a la mujer estar siempre perfectamente presentable.

Utilizaba como base el color negro, o en todo caso el gris, tonos neutros para poder combinar con cualquier otro.

Así es que esta fórmula me abrió los ojos: no es que necesitara más ropa, sólo necesitaba prendas “comodín”, que hicieran más coordinables y usables las que ya tenía. Evidentemente, esto no era New York, ni yo me jugaba un gran puesto en una gran empresa...; no voy a decir que la seguí al pie de la letra, pero sí supuso un cambio cualitativo que optimizó mi armario y que alivió ese levantarte-y-vestirte-cada-mañana-con-los-ojos-pegados.


Entendí que el ropero puede ser más que una simple sucesión de prendas independientes unas de otras; y que si las ponemos en correlación, la tarea de vestirnos cada mañana podía ser mucho más sencilla y los resultados mucho mejores, sin que nuestro vestuario tuviera que ser excesivamente amplio.


Y un elemento que no debía pasarse por alto: era muy importante que se tratara de tejidos de calidad, esto es lo que, a fin de cuentas, daba empaque al vestuario. En este punto hice lo que pude: es verdad que prefería calidad a cantidad, pero debo de reconocer que no siempre fui del todo fiel a este principio.

Desde entonces, y a pesar de una lógica evolución a lo largo de los años, siempre he contado con el auxilio de diversos pantalones negros en sus distintas vertientes: calle, trabajo, eventos. También distintas chaquetas negras: blasier entalladas, de punto, otras algo más festivas. Faldas y algún que otro vestido negro. 


Los pañuelos o pañoletas en sus tonos neutros siempre me han acompañado y me han resultado de una gran utilidad, bien utilizados como chal, o simplemente para abrigar la garganta bajo el chaquetón.


Después de Donna Karan, el concepto de capsule wardrobe, ha sido recurrentemente utilizado –aunque con múltiples variantes- por el mundo del diseño, refiriéndose siempre a ese conjunto de prendas esenciales que facilitan el vestir diario, y que no deberían de faltar en cualquier guardaropa.



Algunos blogs conocidos, como el de Colettehan tratado ampliamente este tema en una sucesión de entradas que me han parecido, al menos, ilustrativas. Y Luisa, del blog El Hilo en el Alambre, también nos regala de vez en cuando valiosas anotaciones a tener en cuenta para mejorar y racionalizar nuestro vestuario (aquí y aquí).


Aquí nos hemos centrado en los diseños basados en las 7 easy pieces, pero Karan tiene multitud de inspiradores diseños, algunos de los cuales puedes encontrar aquí.
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Y tus básicos ¿cuáles son?