18 sept. 2017

La casa familiar y la antigua máquina de coser

La casa


Volver a la casa familiar después de años, ya deshabitada porque los padres no están, siempre produce una punzada en el estómago.


Poseen esa armonía artificial de los lugares desocupados: todas las estancias recogidas, ordenadas, los cojines bien colocados en ángulo sobre el sofá, las persianas bajadas, la luz desconectada...


Aparentemente todo está igual. Todo perfectamente cuidado. Siguen los mismos objetos decorativos, muchos de ellos regalos que los hijos fuimos haciendo a lo largo de los años. Las fotos de los nietos, pequeños o adolescentes, todas bien enmarcadas ocupando repisas, chimenea, mesitas; unos niños que ya son adultos y que a su vez ya tienen otros niños.


Y un calendario -¡tan simbólico!- recordando el último año de vida efectiva en la casa.

De pronto, cuando la luz del sol lo inunda todo, te das cuenta de que no, no está igual. Ahora recuerdas que en su día hubo que aligerar: desprenderse de todo aquello que abigarraba armarios, cajones, paredes. Pocos papeles en el escritorio; pocos cuadros en las paredes bien pintadas; muchas perchas colgando vacías en los armarios; las cuerdas del tendedero resecas.


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El hallazgo


Por qué sería que en esta ocasión elegí ese cuarto para dormir, el que siempre fue más frío y desusado de la casa. Tal vez por el inusual calor que todavía a finales de agosto seguía apretando. Tal vez porque estaba ella...


Sí, ahí estaba, durmiendo sosegadamente en su mueble.


La cubría una antigua colcha blanca de algodón que colgaba hasta el suelo y, sobre ella, unos platos decorativos de Talavera de los que "entonces" se fueron retirando de las paredes.


La cuestión es que a pesar de estar protegido por un plástico de burbujas, me pareció adivinar lo que parecía ser un pedal.

Era una Sigma, modelo A-107-1, con el cabezal empotrado en el mueble. Luego supe que hacía muchos años -más de treinta- que Mary, mi suegra, no la había utilizado. En todo caso, se la veía poco usada y en muy buenas condiciones de conservación. Sólo los metales un poco ennegrecidos y el cabezal cubierto con una ligera película de polvo pegajoso.


Este modelo comenzó a fabricarse en Elgoibar (Guipúzcoa) a partir de 1946, por la Empresa Estarta y Ecenarro. Aunque la máquina no lleva el año de fabricación, parece que es el primer modelo de máquinas de coser de esta Empresa que, hasta entonces, se había venido dedicando a fabricación de material bélico.


En la familia debió adquirirse en los primeros años 50.


La puesta a punto:

Una limpieza externa del cabezal y metales y un engrasado minucioso: bote de aceite, manual de instrucciones a la vista, bobinas de hilos, agujas, canillas, tijeras.







Para ajustar la tensión del hilo

Palanca para controlar la longitud de la puntada










Y, de pronto, pareció desvanecerse toda esa quietud: la suavidad de la maquinaria funcionando, la aguja subiendo y bajando, el soniquete del pedal...

El sol ya entraba por los ventanales aunque a esas horas las mañanas de Castilla todavía son frescas. Dentro de un rato saldría al monte a caminar, pero ahora me deleitaba escuchando la máquina. Creo que la casa también.



Dejo para mí el torrente de emociones vividas en este viaje. Hoy sólo quería hablaros de la máquina.