8 oct 2015

Poche-Carola

Este es el último diseño de Charo Murciano, la emperatriz del bolso.


Este Poche-Carola es todo un señor bolso: con una gran capacidad interior, lleno de bolsillos tanto  exteriores como interiores, con unas asas de media altura que te permite llevarlo colgado o no, según tu gusto, y con una cremallera que cierra todo el largo del bolso. Vamos, una hermosura.


Los bolsillos exteriores son de fuelle, lo que amplía mucho su espacio.



El patrón, que en breve podrás adquirir en Etsy, incluye un tutorial minucioso como sólo Charo sabe hacer. Y cuando terminas, no solo tienes un bolso estupendo, sino que además has aprendido un montón de técnicas interesantes que puedes utilizar para muchos otros proyectos: como por ejemplo la realización de distintos tipos de bolsillos: al menos se incluyen tres diferentes.


Ahora ya está en manos de su propietaria: Regina. Ella es mi amiga de los miércoles por la tarde -dicho así parece que tenga una amiga para cada día de la semana…-, pero es que Regina y yo tenemos actividades comunes esa tarde.

Como es maestra, suele ir cargada con carpeta, cuadernos, o trabajos de los alumnos. Así es que me pareció que este Poche-Carola tendría capacidad bastante para ella.


El tejido es un algodón tratado en su cara exterior, de manera que queda impermeabilizado; sin embargo resulta muy suave y flexible y muy agradable al tacto. El forro interior es un algodón con cuerpo pero de unos colores luminosos que me gustaron mucho. Ambas telas entreteladas.


Y como Regina es persona atenta a las emociones, aquí tiene un buen catálogo de todas ellas, porque no solo de pan vive el hombre...




5 oct 2015

Donna Karan

Una de las cosas que nunca conseguí hacer en mi vida de “mamá trabajadora” fue prepararme cada noche el vestuario del día siguiente: para cuando terminaba de dejar organizada la ropa y la mochila del colegio de mi hija, preparada la comida para mañana, tendida y/o recogida la colada, despejado el lavavajillas, etc. etc..., para entonces, ya estaba demasiado agotada para pensar en mi ropa.



Así es que a la mañana siguiente, bien temprano, medio en penumbra, buscaba en mi armario qué ponerme, comprobaba a la luz del pasillo que esa falda combinara con esa blusa y que además estuviera en condiciones. Después un rápido desayuno de pie, casi en la puerta de casa, coger la chaqueta y salir corriendo; y ya en el ascensor, mientras me miraba al espejo para pintarme los labios –costumbre que todavía arrastro-, solía acabar pensando que necesitaba prendas que no tenía… ¿A alguien le suena esto?

Donna Karan - Ann street Studio

En ese punto, aunque con algunos años de retraso, tuve referencia de Donna Karan y quedé seducida por su proyecto 7 easy pieces, a pesar de que por entonces no me interesaba ni de lejos el mundo de costura, ni mucho menos el de la moda.


Esta neoyorkina cuya firma comercial (DKNY) es sobradamente conocida, no ha sido una diseñadora al uso, se puede decir que, en cierto modo, revolucionó la vestimenta de la mujer durante los años 80-90.

Su renombre hizo que fuera solicitada por artistas y personajes conocidos (Barbra Streisand, Demi Moore, Gwyneth Paltrow, Lady Di, Hillary Clinton,…), pero su trabajo significó mucho más que el vestir a quienes se podían permitir trajes caros.

Hillary Clinton. Cold shoulder dress
Gwyneth Paltrow

















Karan fue capaz de idear la ropa para una mujer que se abría paso en el competitivo mundo de la Empresa, que por razones obvias, no disponía de mucho tiempo para tener un vestuario siempre adecuado a las distintas ocasiones que se le presentaban, y que tampoco podía permitirse grandes y costosos diseños.



















Fue en 1985 cuando presentó en su pasarela esta propuesta que caló rápidamente entre las mujeres estadounidenses: 7 easy pieces (7 prendas básicas).


Con estas 7 prendas como fondo de armario, Donna aseguraba que cualquier mujer podía vestirse para cualquier ocasión, en cualquier época del año, y temporada tras temporada. Eran prendas básicas que podían ser complementadas con otras, o simplemente intercambiarse entre sí. Su adecuada y sencilla combinación permitiría a la mujer estar siempre perfectamente presentable.

Utilizaba como base el color negro, o en todo caso el gris, tonos neutros para poder combinar con cualquier otro.

Así es que esta fórmula me abrió los ojos: no es que necesitara más ropa, sólo necesitaba prendas “comodín”, que hicieran más coordinables y usables las que ya tenía. Evidentemente, esto no era New York, ni yo me jugaba un gran puesto en una gran empresa...; no voy a decir que la seguí al pie de la letra, pero sí supuso un cambio cualitativo que optimizó mi armario y que alivió ese levantarte-y-vestirte-cada-mañana-con-los-ojos-pegados.


Entendí que el ropero puede ser más que una simple sucesión de prendas independientes unas de otras; y que si las ponemos en correlación, la tarea de vestirnos cada mañana podía ser mucho más sencilla y los resultados mucho mejores, sin que nuestro vestuario tuviera que ser excesivamente amplio.


Y un elemento que no debía pasarse por alto: era muy importante que se tratara de tejidos de calidad, esto es lo que, a fin de cuentas, daba empaque al vestuario. En este punto hice lo que pude: es verdad que prefería calidad a cantidad, pero debo de reconocer que no siempre fui del todo fiel a este principio.

Desde entonces, y a pesar de una lógica evolución a lo largo de los años, siempre he contado con el auxilio de diversos pantalones negros en sus distintas vertientes: calle, trabajo, eventos. También distintas chaquetas negras: blasier entalladas, de punto, otras algo más festivas. Faldas y algún que otro vestido negro. 


Los pañuelos o pañoletas en sus tonos neutros siempre me han acompañado y me han resultado de una gran utilidad, bien utilizados como chal, o simplemente para abrigar la garganta bajo el chaquetón.


Después de Donna Karan, el concepto de capsule wardrobe, ha sido recurrentemente utilizado –aunque con múltiples variantes- por el mundo del diseño, refiriéndose siempre a ese conjunto de prendas esenciales que facilitan el vestir diario, y que no deberían de faltar en cualquier guardaropa.



Algunos blogs conocidos, como el de Colette, han tratado ampliamente este tema en una sucesión de entradas que me han parecido, al menos, ilustrativas. Y Luisa, del blog El Hilo en el Alambre, también nos regala de vez en cuando valiosas anotaciones a tener en cuenta para mejorar y racionalizar nuestro vestuario (aquí y aquí).


Aquí nos hemos centrado en los diseños basados en las 7 easy pieces, pero Karan tiene multitud de inspiradores diseños, algunos de los cuales puedes encontrar aquí.
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Y tus básicos ¿cuáles son?



1 oct 2015

Leggins

En los dos últimos años he cosido un montón de leggins para las niñas. Y es que es una prenda la mar de socorrida para vestir a los peques de diario, y sobre todo para llevarles al cole.


No se calienta uno demasiado la cabeza, unos leggins y cualquier jersey, camiseta, túnica, bata, incluso vestido… y ¡listo!
Son mucho más cómodos que los pantalones y, al estar hechos en tejido elástico pueden ser más ajustados y calentitos, y se pueden llevar casi con cualquier ropa por encima.
Yo he hecho varios en punto de Lillestoff, con un estampado que en ocasiones combinaba con prendas superiores. Por ejemplo estas manzanitas de Blancanieves:


También este punto que recuerda al cuadrito tipo vichy, que combiné con las mangas de la camiseta:























He hecho otros para “multicombinar”, por ejemplo este punto grueso imitando a vaquero:







O este estampado a rayas en dos tonos de gris, que admite cualquier color liso en la parte superior:

 

Este  otro en gris liso, utilizable para prendas varias:


Y estos otros, de neopreno, hechos “bajo demanda” con corazones varios…




















Pues creo que todavía he hecho alguno más...


Patrón: Oliver + S: Playtime. Se puede adquirir en Telaria 



24 sept 2015

Hula hoop skirt, de Oliver & S

Esta es una faldita que me encanta, Hula hop skirt, de Oliver & S. Además de su corte tan original, tiene la gracia de ser reversible pudiendo jugar con estampados y tejidos distintos.






He hecho varias versiones: con telas de algodón aquí; y las que aquí muestro combinando pana lisa y de canutillo con algodón.





Tiene un canesú  que se puede ajustar a la medida de la niña mediante una goma en la cintura. Y en su parte inferior, se trata de dos piezas cortadas en media capa que se superponen , y cuyo extremo se vuelve sobre sí mismo, a modo de tapeta a contraste.
                         


A las niñas les encanta porque es muy fácil de poner y quitar, tiene vuelo, y encima es exactamente igual por delante que por detrás.







Y desde el punto de vista de su costura, es bastante cómoda de hacer, por lo que resulta muy muy recomendable.






14 sept 2015

Una pulsera para S.

Me encantan los niños que tienen las cosas claras, aunque eso suponga algunos dolores de cabeza a los sufridos padres…

Como en mi caso ya soy abuela, la cuestión es muy distinta, yo diría que hasta me facilita las cosas.

Ilustración obtenida aquí

Abuela:  -S. ¿qué quieres para tu cumpleaños?-
S.:         -Hummm…, no sé, ¿podría ser una pulsera de las de verdad?-
Abuela (estupefacta):  -Hummm…, podría ser, podría ser… ¿Es que te gustan las pulseras?-
S.:         -Sí, mucho, me encantan-.

En este punto debo aclarar que en mi casa, ni la abuela –yo misma-, ni la mamá han llevado nunca pulsera; la mamá ni siquiera pendientes porque perteneció a una época en que los padres supuestamente “comprometidos” o “rebeldes” intentaban no encasillar a las niñas/niños con pendientes, balones, cocinitas, etc. etc. Y ya pasados los años cuando la niña se los quiso poner sus orejas parecían resistirse a las colgaduras, y nunca le ha resultado fácil llevarlos (ya me lo decía mi madre: "eso se les tiene que poner al nacer"...)


Y a cambio les atiborrábamos con mogollón de peluches, Legos, arquitecturas varias, juegos de montaje…, -mejor aún si eran de fabricación artesana-. Vamos, a lo más que llegábamos era a los distintos “escenarios” de los Pin y Pon, en nuestro caso La granja, La enfermería, y ya como un despiporre total, Pin y Pon contaron con La casa grande –de 3 pisos-  y además con luz…



Y cómo olvidar esos otros, casi intelectuales, que fomentaban la retentiva y las capacidades intelectual o lingüística del niño, como los inefables Quien es quien, el Scrable, el mismo Cubo de Rubik, o los Tangram…

Eso hasta que un día la niña, harta de tanta “intelectualidad”, te pedía berreando una cocinita con cacharritos, y una Nancy con sus vestiditos, y una de esas horribles admiradas Barbies… más tiesa que un ajo, siempre perfectamente vestida para la ocasión, y siempre lista para recibir a su novio Kent, tan cursi como ella misma.

Fragmento de imagen obtenida aquí
Entonces, tú caías del sueño dogmático, y con la cara de lelo/a que se te quedaba, te ibas a la juguetería más cercana y comprabas uno de esos inmensos “sets” con un montón de cazuelitas, sartenes, platitos, tacitas y otros utensilios culinarios que hacían las delicias de la criatura.
A partir de ese momento, se repetían diariamente interminables puches con arena y agua comiditas ricas que dabas con cucharita y babero a esa flamante Nancy que, por fin, había irrumpido en casa como absoluta dueña y señora.

(Eso sí, con la Barbie no tragué nunca, aunque luego he sabido que su ausencia causó importante desazón...)

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Pero bueno, tampoco nos escandalicemos de esa generación –la mía-, porque tengo-que-decirrrrr que la mismísima operación de compra de todo tipo de "instrumental" doméstico, la tuve que hacer de nuevo con mi nieta mayor, a consecuencia de otro arrebato desesperado cuando en un parque una niña no le dejó jugar "a cocinitas".

En este caso, la urgencia nos llevó al bazar chino más cercano, donde los platitos, tacitas, cucharitas, etc. eran de un brillante rosa chicle, que verdaderamente hacía daño a los ojos. Luego, con más tiempo conseguimos una “vajilla” ecológica hecha con materiales reutilizados, muy acorde a la ideología familiar.


En fín…, hay pasajes de la historia de las familias que inexorablemente se repiten.

(Tampoco mis nietas llevan pendientes, pero eso sí, debo decir, que las niñas tienen en su haber un montón de espectaculares Barbies en forma de princesas varias, para espanto de su abuela y desagravio de su mamá...)


Y digo yo que estas incoherencias no creo que sean patrimonio de ninguna generación en concreto: yo he vivido las de la mía, pero ahora contemplo con cierta sorna las de la generación actual, que tampoco es manca…

Venganza / Pink stinks (Hormiga Verde)

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Pues volviendo al tema de la pulsera, recordé que todavía conservaba una grabada con el nombre de mi hija, que mi tía le regaló cuando nació. ¡Sí!, ¡exacto!: no estoy segura de que la llegara a estrenar. Así es que se la ofrecí a la niña:

S:           -Abuela, pero ¿es de oro?-
Abuela:   -Si, por supuesto, y con el nombre de tu mamá-
S:          -¡Ay gracias abuela, no me lo puedo creer!, ¡llevar puesta una pulsera de oro!, que además es “antigua” ¡qué guachi!...- (o sea, “fantástico”).



Y así se van escribiendo las contradicciones generacionales: A mi hija nunca se la puse, y luego a mi nieta se la coloqué encantada, casi emocionada...

Y oye, que me quedé más ancha que larga.