24 ago. 2018

Retrato de familia



De pequeña solía frecuentar junto con mi padre el estudio de César, un primo de la familia que tenía un reputado estudio fotográfico en la calle Alcalá, de Madrid.

Me gustaba mucho mirar las fotos que tenían en exposición, pero sobre todo me fascinaban los retratos familiares. Aparte de los que él realizaba, disponía además de una colección de antigüedades que habían sido rescatadas: esos eran los que más me gustaban e inquietaban a partes iguales.

Encontrada aquí

El padre sentado y la madre de pié junto a él, como mucho le apoyaba la mano en el hombro. Los hijos alrededor de ellos, esperando que de un momento a otro saliera ese “pajarito” que ponía fin a la escena.

Absolutamente solemnes, alejados de toda naturalidad –que tampoco se pretendía-. Ni una sonrisa, ni una concesión a la galería, todos bien serios para la ocasión y “bien colocados” en una escena que generalmente componía el propio fotógrafo. Poca interacción entre sus miembros, eran como personajes aislados recortados y pegados allí para dejar constancia de que “estas son mis huestes”. 


De mi álbum familiar
Pero en realidad poco dicen de ellos o de su vida íntima. Más bien al contrario, siempre parecían esconder cosas importantes, a veces incluso secretos inconfesables –o eso al menos me parecía a mí-.

De mi álbum familiar. Ya se vislumbra algún esbozo de sonrisa...

Tan distinta a la idea de retrato familiar que tenemos hoy, –palo selfie incluido- en la que desparramamos una espontaneidad bastante fingida, intentando dar la mejor versión de nosotros mismos.

¡Cómo ha cambiado en unas décadas el mundo de la fotografía familiar! –y de la fotografía en general-, sobre todo a partir de las cámaras digitales, que si vamos a mirar son de ayer por la tarde, prácticamente.

Recordáis esos carretes de 12, de 24 o de 36?; érais fans de alguna marca concreta Kodak, Agfa o Fugi? –yo era incondicional de Agfa-; luego, la emoción de llevarlos a revelar; la obligada economía fotográfica porque cada foto valía una pasta; o el berrinche consiguiente cuando te despistabas y abrías la cámara antes de hora y entonces se te velaba el carrete.

Hay alguien por ahí que todavía recuerde estas cosas? O son sólo producto de mi desbordada imaginación?



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Pues eso, que yo he intentado mi retrato familiar particular: sólo las mujeres de la familia aprovechando un hecho tan trivial como el haber cosido la misma camiseta para todas.


Pedí que fuera una foto seria del tipo de las antiguas, pero enseguida nos salía esa falsa naturalidad a la que estamos ya tan acostumbrados.

Secretos?, pues no lo dudéis, ¡haberlos haylos!.

Por ejemplo, y por no entrar en el terreno de lo inconfesable, que el pobre gato fue utilizado para dar un aire doméstico a la escena, pero en realidad estaba allí cogido a la fuerza, porque lo cierto es que me evita tanto él a mí, como yo a él. 



Y hablando de secretos, el de estas camisetas es su tela estupendísima: punto de algodón con bastante cuerpo y en este caso en un precioso color mostaza. La tela a contraste era un pequeño retal de un colorido espectacular que me dio sólo para añadir algunos detalles en cada una de las camisetas, pero que alegra la vista un montón, y que a las niñas les encanta. Ambas telas compradas en Telaria.

Para las niñas he utilizado un patrón simple de manga ranglan.



En una de ellas hube de poner un detalle en la espalda para tapar un “secreto” y, como me gustó el resultado, lo añadí en el resto, aunque no hubiera ningún asunto oscuro que ocultar.




Para mi hija, dado que no tengo posibilidad de prueba, he utilizado el patrón de la "Renfrew", que ya se lo tengo ajustado. 


Y para mí, utilicé el patrón de la “Belcarra blouse”, adaptado para tela de punto. Pero, al igual que me ocurrió al utilizar tela plana, el escote me ha quedado un poco desbocado. Tendré que arreglarlo.



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